"It is urgent to recognize indigenous people in the fight against climate change": Patricia Espinosa

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El Tiempo (Colombia), Bonn (Alemania)

SUMMARY: Indigenous peoples from different parts of the world traveled on a bus through several European countries with the objective of demanding greater participation during COP23, being recognized as forest keepers and important actors to combat climate change.

Carol González hace parte de uno de los cerca de 400 pueblos indígenas que habitan la cuenca del Amazonas. Vive en el Vaupés –en una comunidad asentada a orillas del río con el mismo nombre–, “un lugar donde todavía se conservan las tradiciones y se respetan a los mayores, donde el agua es cristalina y pura, donde los animales se asoman con frecuencia y cada día aportamos, sin saberlo, a la solución climática que hoy tanta clama nuestra humanidad”.

Ella es una de las voceras de los pueblos indígenas de Latinoamérica que durante el último mes estuvieron recorriendo, en un autobús, algunas ciudades del Reino Unido, Francia, Bélgica, Holanda, Alemania y Escocia para llamar la atención sobre su papel “como verdaderos guardianes del bosque”, que conservan un conocimiento ancestral valioso sobre mitigación y adaptación ante escenarios de cambio climático.

“Estamos pidiendo que no nos criminalicen por ser defensores del territorio y la naturaleza, que inviertan económicamente en nosotros, que reconozcan nuestro papel como defensores de la biodiversidad, que nos titulen cerca de 100 millones de hectáreas en toda la Amazonia, pues somos las barreras más efectivas que existen para combatir la deforestación. Exigimos que nos tengan en cuenta como actores importantes en la toma de decisiones”, le dice González a EL TIEMPO. 

Durante estas últimas dos semanas, en el marco de la Conferencia de las Partes (COP 23) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático celebrada en Bonn (Alemania) fueron varios los estudios que se presentaron sobre este tema y todos coincidieron en el mismo punto: los pueblos indígenas no son solo víctimas, sino agentes activos –tal vez los más importantes– para la conservación ambiental.

¿Entonces, qué está pasando? Los territorios de los 370 millones de pueblos indígenas del mundo cubren el 24 por ciento de la tierra y guardan el 80 por ciento de la biodiversidad que habita este planeta. Viven en ecosistemas muy diversos y resisten ante megaproyectos extractivos que no solo quiebran el paisaje y el tejido social, sino que aumentan los conflictos internos, generan problemas de salud y de seguridad alimentaria, y ponen en riesgo sus propias vidas. 

Algunos de los indígenas que recorrieron el continente europeo, cuenta González, no podrán regresar a sus hogares pues partieron de sus países con una amenaza de muerte encima. 

Solo en 2016, el año más mortífero para los defensores del medio ambiente y el territorio registrado hasta el momento, el 40 por ciento de las víctimas (de 200 documentadas por Global Witness) fueron indígenas y el 60 por ciento de las muertes se concentraron en América Latina. Colombia es el segundo país más peligroso, después de Brasil. 

“Urge reconocer el papel que los pueblos indígenas tienen en la lucha contra el cambio climático, no solo por ser particularmente vulnerables a sus efectos sino por las soluciones que pueden ofrecernos a través de sus conocimientos ancestrales. Estamos en ese proceso de definir el espacio permanente para que tengan una voz presente”, le dijo a este diario Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la COP23. 

Según el Instituto Mundial sobre Recursos, en los bosques habitados por comunidades nativas la deforestación es de dos a tres veces menor que en el resto de zonas. Sin embargo, estas comunidades solo poseen títulos de propiedad de un 10 por ciento de las tierras que ocupan.

En Colombia, por ejemplo, y de acuerdo con el último Mapa de Ecosistemas Continentales, Costeros y Marinos, en menos de dos años aproximadamente 1’500.000 hectáreas de ecosistemas naturales han sido transformadas, siendo los bosques húmedos y las sabanas estacionales e inundables las zonas más impactados. Pero en los resguardos indígenas el panorama no fue tan desalentador: el 95 por ciento de los ecosistemas están en perfecto estado, mientras que solo el 5 por ciento, transformado. 

“Tenemos la sensación de que en los bosque podemos hacer cualquier cosa y no es así, los indígenas son la respuesta para cumplir con los Acuerdos de París y reducir las emisiones de dióxido de carbono”
, aseguró Paulo Moutinho, del Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonia. “Es necesario empoderar a las comunidades locales, aterrizar los egos de la ciencia y el tecnicismo de los estudios académicos a sus realidades para que estas comunidades ejerzan presión sobre los gobiernos y así reducir las tasas de deforestación. Es una cadena”, remata el experto. 

Según el informe ‘Derechos sobre la Tierra: un requisito para combatir el cambio climático y avanzar en la paz y la igualdad de género’, los indígenas, que representan el 5 por ciento de la población mundial, se han visto envueltos en cerca de 288 conflictos territoriales con grandes empresas y gobiernos durante los últimos 16 años, el 61 por ciento de los casos siguen sin resolverse. Por eso llegaron hasta la ciudad de Bonn, reclamando justicia.

Unidos en una plataforma

En los Acuerdos de París, donde 195 naciones se comprometieron a evitar que a finales de siglo la temperatura mundial supere en 2 °C el nivel preindustrial, también se estableció que las comunidades locales y pueblos indígenas tendrían una plataforma para el intercambio de experiencias y mejores prácticas sobre mitigación y adaptación. La COP21, considerada el evento ambiental más importante de las últimas décadas por su alcance a largo plazo, reconoció la necesidad de fortalecer los conocimientos, tecnologías, prácticas y esfuerzos de estos pueblos. 

Sin embargo, dos años después del anuncio, no se ha podido definir cómo será la estructura y manejo de la misma. Según le dijo a EL TIEMPO Estebancio Castro, cuna y miembro asesor de la Alianza Internacional de los pueblos Indígenas y Tribales de las Zonas Tropicales, la plataforma no se ha estructurado aún por “diferencias técnicas entre nosotros mismos, por lo que esperamos que se pueda lograr en mayo”. 

La plataforma debe incluir tres pilares: promover el intercambio de experiencias y buenas prácticas con el fin de proteger, fortalecer y preservar el conocimiento ancestral; incluir a las comunidades locales y pueblos indígenas en la implementación de los acuerdos pactados en París y cualquier otro proceso relacionado con cambio climático; y, finalmente, facilitar la integración de diversos conocimientos para implementar programas y políticas más ambiciosas que contribuyen al cumplimiento de las Contribuciones Nacionalmente Determinadas. 

“Nos debe quedar claro que todos los territorios manejados por pueblos indígenas están mejor protegidos que cualquier otra zona, lo dicen ellos y ahora lo respalda la ciencia”, le dice a EL TIEMPO Charlotte Streck, directora del Climate Focus. “Los gobiernos ya saben qué hacer, esperemos que no sea demasiado tarde”. 

Los estudios concentrados en América del Sur han arrojado que las tasas de deforestación son entre 6 y 350 veces más bajas en bosques reconocidos como pertenecientes a pueblos indígenas y comunidades locales. En la actualidad, explica Streck, estos tienen derechos legales sobre el 31 por ciento de los bosques en países de ingresos bajos y medianos, y las organizaciones no gubernamentales tienen un objetivo global de aumentar ese porcentaje al 50 por ciento para 2030.

Streck presentó esta semana un informe en el que llama la atención sobre la poca financiación que reciben los proyectos verdes en países con altas tasas de deforestación. Si bien hay avances prometedores, las cifras no reflejan la importancia de los bosques como parte de la solución climática: de los 167.000 millones de dólares invertidos para financiar proyectos de mitigación, solo 3,6 mil millones se asignaron al sector forestal. Y de este número, el 65 por ciento se destinó a países donde se concentran las altas tasas de deforestación.