Saving the vicuña to save the people of the Andes

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Clarin, Honolulu

For many years, it was thought that one could not get the hair of a live vicuña, an animal that lives at 4 thousand meters above the sea level. Now, because of that, populations were being completely wiped out. But an argentine scientist, Obdulio Menghi, recovered an old tradition of the Incas and convinced the chaman of a peruvian town to halt this practice. It was a success, not only for the vicuña, but for the people of the community: the quality of life improved dramatically. And the practice eventually spread to Argentina, Bolivia, Chile and Ecuador. The vicuña's fiber become fashionable, with big european designers using it. But illegal trade came back. Now, they are killing vicuñas to sell it to the black market in Bolivia and Europe. Menghi wants the UICN to pass a motion recommending CITES member states to track all the vicuña products and to punish those who sell the fiber of dead animals.

Pictures by Marcos Cortéz

La vicuña es un delicado camélido que habita a más de 4000 metros de altura en los Andes, lo que hace que su pelo sea una maravilla insuperable y un objeto de deseo del mercado de lujo. Fueron los Incas quienes aprendieron a esquilarla, y un investigador argentino el que rescató esa tradición que había estado olvidada por cinco siglos de conquista, lo que permitió la recuperación de la población del animal y el comercio justo de su precioso pelo. Su nombre es Obdulio Menghi.

Menghi, que fue funcionario de agencias de las Naciones Unidas y una autoridad mundial en el tráfico de fauna en riesgo de extinción, está presentando en el Congreso Internacional para la Conservación de la Natulareza (UICN), que tiene lugar en Hawaii, una moción para que se haga la trazabilidad de la fibra de vicuña (desde que es extraída del animal hasta que se expende en un negocio en forma de producto) y que se castigue a quienes comercializan pelo de animal muerto.

Esta moción tiene una larga historia, que empieza en los Andes peruanos en los años 90. La vicuña había pasado de una población de varios millones de ejemplares a sólo 12 mil seres vivos. Todo el mundo creía que era imposible esquilar un animal en pie, pero Menghi investigó en los archivos del Museo de Lima, y se dió cuenta que era posible recuperar una técnica ancestral de los Incas, cuya realeza era la única que podría acceder a usar prendas confeccionadas con esta magnífica fibra. Convenció, entonces, al chamán de un pueblo de Ayacucho, llamado Pampa Galera, de reintroducir la práctica. Funcionó. Y el poblado, que era un caserío, pudo acceder a un nuevo estándar de vida. Y la población de vicuñas superó en pocos años los 180 mil ejemplares.

Grandes compradores europeos aparecieron a comprar esta fibra, la más fina del mundo. Por eso, un abrigo hecho con lana de este animal puede costar 20 mil dólares. La práctica del "chaccu", el acto ritual de esquila del animal vivo, se extendió luego a Bolivia, Chile, Argentina y Ecuador.


Pero todos los éxitos tienen una cara oscura, y este es el del comercio ilegal. En 2012, empezaron a aparecer animales muertos para sacarle el pelo, de la manera más salvaje. Los textiles se encuentran tanto en mercados de Bolivia como en Suiza y Francia. Es muy fácil saber qué son prendas confeccionadas con pelo de animal cazado: cuestan la mitad de precio. El propio Menghi lo ha descubierto en mercados que van de Ginebra a Lyon. Y lo ha denunciado a la Interpol. Detrás de la matanza de vicuñas hay mafias, donde la política seguramente no está ausente.

Ahora, por eso, se someterá a voto en la UICN la moción por la vicuña, para que luego, la Convención sobre Comercio Internacional de Especies de Fauna y Flora Silvestre (CITES) lo haga de cumplimiento obligatorio para todos los países miembros. Argentina es uno de ellos. La medida propuesta por Menghi tiene el apoyo de varias organizaciones nacionales e internacionales.