Improvements in bus networks could prevent 44,500 deaths per year in Latin America, study says

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LatinClima, San Francisco

Latin America could cut its emissions by 110 mega tonnes of carbon equivalent by 2030 just by making improvements to its bus networks, according to a recent study by a coalition of cities and local leaders committed to action on climate change. Not only that, the study said, but achieving more efficient, low-emission public transportation would prevent 22,500 deaths per year due to diseases related to air pollution and 20,000 deaths due to traffice accidents.

The study, "Climate Opportunity: More Jobs, Better Health, Liveable Cities," was conducted by C40 Cities, The Global Covenant of Mayors for Climate & Energy and the New Climate Institute, and released during a major international climate summit last week in San Francisco.

Michelle reported from the Global Climate Action Summit (GCAS) in San Francisco with the support of the 2018 Climate Change Media Partnership, a collaboration between Internews' Earth Journalism Network and the Stanley Foundation. The full report in Spanish follows.

Michelle Soto / LatinClima

En América Latina, si tan solo se hicieran mejoras en las redes de autobuses para así tener un transporte público más eficiente y bajo en emisiones, se lograría reducir 110 mega toneladas de carbono equivalente (MtCO2e) en el 2030.

No solo eso, esas mejoras en transporte prevendrían 22.500 muertes anuales a causa de enfermedades causadas por la exposición a aire contaminado y 20.000 muertes anuales debido a accidentes de tránsito.

Así se desprende del informe Climate Opportunity: More Jobs, Better Health, Liveable Cities, una investigación realizada por las organizaciones C40, The Global Covenant of Mayors for Climate & Energyy New Climate Institute dada a conocer en la ciudad de San Francisco (EE. UU.) en el marco de la Global Climate Action Summit (GCAS).

“Nuestra esperanza es que este informe ayude a los tomadores de decisión en todas las ciudades a evidenciar que enfrentar el cambio climático va mucho más allá de reducir emisiones. Se trata de mejorar la salud y prosperidad de nuestros ciudadanos para progresar como sociedad”, indicó Patti Harris, directora ejecutiva de Bloomberg Philanthropies, entidad que financió este estudio, a través de un comunicado.

Un precio medido en carbono

Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), las ciudades contabilizan el 73% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global.

Según la Alianza para el Transporte Sostenible y Bajo en Carbono (SLoCaT), que adelantó algunos resultados de su informe sobre el Estado Global del Transporte y Cambio Climático durante GCAS, las emisiones por transporte de pasajeros se incrementaron 36% a nivel mundial entre los años 2000 y 2015.

Particularmente, este incremento se evidencia en el uso de vehículos privados y camiones de carga destinados a largas distancias. De hecho, el transporte de carga aumentó un 75% en ese mismo período.

En el caso de América Latina, la región experimentó un crecimiento del 49% en sus emisiones de carbono generadas por transporte.

En el Acuerdo de París, los países se comprometieron a limitar el incremento de la temperatura del planeta por debajo de los 2 °Celsius y esforzarse para que ese incremento ni siquiera supere 1,5 °Celsius.

Sin embargo, y según SLoCaT, para que el sector transporte contribuya a la meta de 1,5 °Celsius necesita reducir sus emisiones a 2 giga toneladas de carbono equivalente (GtCO2e) para 2050. Actualmente, el sector es responsable de 7,5 GtCO2e.

Los números revelados por Climate Opportunity coinciden con los de SLoCaT: las proyecciones de emisiones para el sector transporte, excluyendo el transporte marítimo y la aviación, aumentarían de 7,6 GtCO2e en 2014 a 10-11 GtCO2e en 2050. Para cumplir con el Acuerdo de París, el sector requeriría reducir significativamente sus emisiones a 2-3 GtCO2e para 2050.

Según los autores de Climate Opportunity, las mejoras en las redes de autobuses tendrían un impacto positivo en la reducción del uso de vehículos privados para el 2030. Al respecto, para América Latina, se calculó una reducción del 35% en el uso de vehículos livianos en comparación con el escenario de referencia (2015). Esto gracias a que se incrementaría la cobertura y frecuencia del servicio, por lo que se triplicaría el uso de transporte público al 2030.

“Los escenarios de acción mejorados reducirían las emisiones de gases de efecto invernadero en aproximadamente 120 MtCO2e en América del Norte, 110 MtCO2e en América Latina y 85 MtCO2e en el sur de Asia en 2030, en comparación con el escenario de referencia”, se lee en el informe.

Cuando se habla de mejoras en el servicio de autobuses, las proyecciones de los investigadores se basaron en las siguientes medidas:

- Aumentar la cobertura en distancia y frecuencia del servicio de la red de autobuses: en el escenario de acción mejorada, estas medidas persiguen incrementar el número de usuarios de autobuses. Esto significa duplicar aproximadamente la cobertura de la red y la frecuencia del servicio en América Latina hasta 2030. Por comparación, estos parámetros aumentan un 6-25% en un escenario de referencia.

- Uso de carriles bus exclusivos / autobuses rápidos: en el escenario de acción mejorada, el 22-24% de la red de autobuses tendrá carriles exclusivos para 2030, en comparación con el 1-4% en el escenario de referencia.

- Penetración de autobuses con bajo contenido de carbono en el inventario de vehículos: en el escenario de acción mejorada, los autobuses eléctricos se configurarán para dar cuenta de la totalidad del parque de autobuses en 2030, en comparación con menos del 1% en el escenario de referencia.

Acción climática beneficia a la salud

En el 2012, y según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de ocho muertes humanas se debió a exposición excesiva a aire contaminado.

Las muflas de los vehículos de combustión interna expelen una serie de partículas, entre ellas, las PM10. Estas tienen un tamaño que varía entre 2,6 y 10 micrómetros por metro cúbico (un micrómetro es una milésima parte de un milímetro). Cuando la persona respira, ingresan por la nariz y boca, alojándose en el tórax y causando afecciones respiratorias como asma, alergias y bronquitis, entre otras.

También, las muflas expelen partículas PM2,5. Estas tienen un tamaño menor a los 2,5 micrómetros por metro cúbico y eso las hace más peligrosas porque son capaces de llegar hasta los alvéolos, las terminales del árbol bronquial donde ocurre el intercambio de oxígeno entre el sistema respiratorio y la sangre.

“El 36% de las muertes por cáncer de pulmón, el 35% de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (COPD), el 34% de los accidentes cerebrovasculares y el 27% de las cardiopatías isquémicas son atribuibles a la contaminación atmosférica”, indica la OMS.

Los segmentos poblacionales más vulnerables a contaminación atmosférica son los adultos mayores y los niños.

Según Climate Opportunity, redes de autobuses mejoradas podrían reducir en más del 20% las emisiones de contaminantes en comparación al escenario de referencia. Eso significaría que se estarían previniendo 22.500 muertes prematuras por año.

A nivel mundial, el escenario mejorado de las redes de autobuses indica una prevención potencial de 560.000 muertes prematuras por contaminación del aire al año 2030.

En cuanto a los accidentes de tránsito, estos constituyen la principal causa de muerte en el mundo para el segmento de personas con edades entre los 15 y 29 años. Una mejora en las redes de autobuses podría llevar a una reducción de 130.000 accidentes de tráfico al año en el Sur de Asia, Norteamérica y América Latina. A nivel global, se prevendrían unas 415.000 muertes prematuras por accidentes en carretera para el 2030. En específico, para América Latina, se podrían estar previniendo unas 20.000 muertes prematuras anuales.

Los investigadores también simularon escenarios relativos a congestión vehicular y tiempo de traslado, lo cual incide en el bienestar mental de las personas.

Según un reporte de la empresa INRIX, dedicada al análisis de transporte, un habitante de una ciudad promedio perdió 40 horas en el 2015 debido a la congestión vehicular.

En América Latina, y según Climate Opportunity, una persona invirtió un promedio de 110 minutos diarios, haciendo un viaje de ida y vuelta por día, en el 2015. El darle carriles exclusivos a los autobuses puede reducir considerablemente el tiempo de viaje para los usuarios de transporte público. Los investigadores calcularon ahorros de 11% en América Latina, unos 12 minutos al día.

“Para el viajero promedio, con un año laboral de 48 semanas, este ahorro potencial de tiempo implica 45 horas por año”, destaca el informe.

Río de Janeiro, en Brasil, fue uno de los estudios de caso analizados y destacados en el informe. Entre 2009 y 2017, la ciudad incrementó su capacidad de transporte público al implementar 120 kilómetros de línea para autobuses rápidos.

Con esa medida, los viajes se icrementaron: pasaron de 18% a 63%. En el corredor TransOeste, el tiempo de viaje pasó de una hora y 40 minutos a tan solo 45 minutos, lo cual beneficia a 185.000 pasajeros al día.

Asimismo, gracias a la implementación de esta medida, disminuyeron las fatalidades en carretera en 20%. La preferencia por unidades más eficientes en el uso de combustible se tradujo en una reducción del 50% en la exposición a material particulado producto de la contaminación del aire.

Una herramienta útil para la planificación urbana

Con el fin de ampliar el alcance de la investigación, se lanzó una plataforma en línea para que los alcaldes y funcionarios de gobiernos locales puedan utilizar los datos contenidos en este informe como insumo para planificar sus acciones climáticas referentes a mejorar sus servicios de autobuses, modernizar edificios o implementar alternativas de energía renovable para sistemas de calefacción o enfriamiento.

La plataforma está alojada en el sitio web de The Global Covenant of Mayors for Climate & Energy (www.globalcovenantofmayors.org).

*LatinClima estuvo en San Francisco (EE. UU.) cubriendo la Global Climate Action Summit como fellow del 2018 Climate Change Media Partnership, gracias al apoyo de The Stanley Foundation y Earth Journalism Network